La depresión en la vejez
Se tiene una concepción errónea de que la depresión es un
aspecto normal de la vejez. Lo frecuente es que las personas mayores se sientan
satisfechas con sus logros personales, tanto familiares como laborales.
Cuando aparece la depresión en esta etapa de la vida puede
deberse a diferentes causas: efectos secundarios de medicamentos, muerte de un ser
querido, especialmente si se trata de su pareja, enfermedad física incapacitante,
soledad, incomprensión familiar, etc. La depresión en los ancianos, si no se diagnostica
ni se trata, causa un sufrimiento innecesario para el anciano y para su familia. El
diagnóstico, en ocasiones, es difícil pues la persona de edad puede tener ciertas
reservas a la hora de hablar de su desesperanza o tristeza, así como de su falta de
interés en actividades que anteriormente les eran placenteras. Los únicos datos que
aporta son síntomas físicos de modo que hay que ser cautos y no pasar por alto una
posible depresión.
Si se hace el diagnóstico de depresión, el tratamiento con
medicamentos o psicoterapia ayuda a que la persona deprimida recupere su capacidad para
tener una vida feliz y satisfactoria. No debemos olvidar tampoco la gran ayuda que supone
el apoyo y afecto por parte de los familiares, especialmente en esta etapa de la vida,
pues nuestros mayores se encuentran más necesitados de atención, si cabe, que nunca. El
buscarles algún tipo de ocupación que les satisfaga es, quizás, una de las mejores
estrategias en la prevención de un posible estado depresivo. Con ello no sólo ayudaremos
al anciano, sino que probablemente nos estemos ayudando a nosotros mismos. |